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jueves, 19 de julio de 2012

Atlantic City

Una ventana al sur, llena del polvo de muertos y desastres. Horizonte de mierda. Una ventana al norte, salpicada de las hordas que vienen al olor. Del dolor. El tabique oeste y su bum bum de vecino, y una vez un tiro.
Y en las paredes, diecisiete sombras de ti mismo, grandes, pequeñas, flacas, sombras de perdedor. Diecisiete sombras de Candy ante el espejo, también.
Si desaparecieras ahora -morirás, es un hecho-; si desaparecieras, tal vez perderías la oportunidad de levantar un día la persiana y ver que todo tiene mejor pinta.

jueves, 31 de mayo de 2012

Ojalá

Hay muchos factores que pueden hacer que un texto esté bien leído. Da igual. Ojalá todos los textos se leyeran así. Ojalá. Mil gracias, Maika.

A partir del 4:24


Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.

jueves, 24 de mayo de 2012

Relatos en Cadena, votación de Mayo


Ya está disponible el formulario de votación para los micros seleccionados este mes.
Xavier Blanco se une al grupo en el que esperábamos Natalia Viana, Carmen Quinteiro y yo.

jueves, 10 de mayo de 2012

Montón


Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.



Micro clasificado hoy en ReC

jueves, 3 de mayo de 2012

Stock



Se entrenaban para estar muertos; un, dos, tres, ictus; hop, hop, tiro en la sien. Al sonar el silbato se levantaban y trabajaban en grupo para escenificar una guerra civil, o una buena epidemia; lo que dijera el míster. Luego, las hordas nonatas, prorrogadas, volvían a sus nidos, a esperar la llamada a filas, conminadas a una vida rápida antes de que acabara el mundo, para ir vaciando ese enorme almacén de todas las almas pendientes

martes, 24 de abril de 2012

Allí

En un pueblo que se llamaba Visavis había dos casas enfrentadas. Dos puertas, doce ventanas, cientos de agujeros en las fachadas. Y una fuente en la calle. Mugía una vaca con hambre detrás de cada casa. También había dos teléfonos sonando para ver qué tal está el abuelo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tren V


Y nada más existió hasta el próximo tren, que llegó puntual, como siempre, mañana, a primera hora, cuando el sol volará somnoliento iluminando este desierto cabrón con su párpado invertido. Y luego vuelve ella con su bandeja tintineante. Un vaso con zumo y un café con leche que nunca se cayó una vez y siempre estará en equilibrio. Salvo el día en que caerá.
Ese día fue diferente. Me susurró al oído, yo salté de alegría y la acaricié; cayó el vaso y reímos.
Luego todo fue mal y será mal en la estación donde los trenes pasaron da igual cuándo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sueño de Wiesenthal

Como tantas veces había hecho de niño, pasé el dedo índice por aquella fila de dedos de pies que apuntaban al cielo, como quien golpea con un palito los barrotes de hierro en las verjas de un barrio residencial.
Pero esta vez no eran dedos huesudos de compañeros. Ah, no. Esta vez eran todo lo contrario.


Progreso

Como tantas veces había hecho de niño, trepé al árbol y observé el valle. No parecía que nada hubiera cambiado. El puente, el frontón y la casa de Matías el Chiquitico seguían allí. Subí un poco más arriba y salté adelante, para planear sobre el pueblo y ver más detalles. En casa de Matías la huerta lucía estupenda.
Regresé al árbol y me posé con cuidado. Descendí al suelo y retrocedí hasta los doce años.
Más tarde pasé por casa de Matías y le dije que no se preocupara; la carretera no iba a pasar por su huerta.

viernes, 10 de junio de 2011

Objetivos 2011

¿Y cuándo será el incendio? Debo planificarlo.
Sé dónde: En el supermercado junto al colegio. Necesito niños indefensos y madres histéricas; víctimas baratas.
De noche. Quiero fotos nocturnas, flashes. En invierno anochece pronto. Hacia las cinco el colegio estará abarrotado. ¡Diciembre, claro! Buenas fechas, entrañables, tiernas. Dejaré la chaqueta en el coche y saltaré a través de alguna ventana. Luego debo aparecer, despacio, con una niña en brazos; dejar que me fotografíen. Un héroe. Me ascenderán. Ya no tendré que ir en el asiento de atrás. Seré el nuevo conductor del Coche Tres. Y ¡úa, úa, úa!; ¡fuego, bomberos! Tocaré la sirena cuando quiera.

jueves, 10 de marzo de 2011

Epiglotis freudiana

Con este amargor tan extraño no puedo dormir. Es curioso dónde sabe el dolor. Bien atrás, a los lados de la lengua. Como la adrenalina en la boca. Pero la adrenalina sale disparada de la lengua hacia el paladar; y este amargor terrible, este cansancio en los lacrimales, va sólo hacia dentro, se absorbe, colecciona recuerdos de amigo muerto y los guarda allí al fondo, donde duele al tragar.



Ahí está. Quién me iba a decir que volvería a las andadas...
No es muy ReC, no es muy micro...

miércoles, 18 de agosto de 2010

Platonicol Complex

Creen que es alergia, pero es amor. Mamá está preocupada. Ya no sabe si son las camisas, la lactosa o el centeno. El director y los otros me miran como si me fuera a morir en cualquier momento, y ninguno quiere estar delante cuando ocurra.
A mi me da igual, porque, a eso de las once, jadeo un poco y toso con un ruido como de arrastrar sillas. Abren la ventana de clase para que respire. Saco la cabeza y te veo venir por la calle Bergamín, con tu falda de cuadros y los calcetines caídos.

¡Qué buen jarabe, tu sonrisa!
Fresca, brillante, antihistamínica.

viernes, 13 de agosto de 2010

No funcionó

Contemplábamos confusos el metal bajo la enorme masa gris.
Empujamos en vano con palancas, con los hombros. Alguien trajo desde Chimbacuaya la única grúa que había en la zona. Enganchamos las cadenas, anudamos las cinchas y cruzamos los dedos. Imposible.
No tuvo el alcalde tiempo ni ganas de volver a llamarles para que no vinieran, así que salimos todos por televisión, cabizbajos, humillados.
En un pueblo pequeño pueden darse dos casualidades a lo largo de un siglo. En el nuestro se dieron las dos casi a la vez.
Primero aterrizó el platillo.
Luego cayó el elefante.

lunes, 31 de mayo de 2010

Profesional

La cena se enfriaba en la mesa. Damián, la frente contra la pared, sujetaba el aparato.
–Ya.
–...
– ¿Fue él?
–...
– ¿No sabían nada? ¿No se dieron cuenta antes?
–...
– ¿No lo ven entrar y salir?
–...
–Entonces, ¿cómo llegó allí?
–...
–Voy para allá.
–...
– ¿Antes no? O un poco más tarde.
–...
–No. Prisa no. Pero cuanto antes acabemos...
–...
–Tal vez para usted no sea importante...
–...
–De acuerdo. En diez minutos.

Damián se puso el abrigo, tomó su placa, dos cargadores y el arma.

–Hijo, vuelvo enseguida. Encontraron tu chaqueta. La tenía Héctor.

lunes, 24 de mayo de 2010

Soft and only

La de los días de lluvia suele acercarse en silencio, se inclina, me mira con resignación y acaricia mi mano. Se sienta en la silla y lee durante un par de horas. Me da un beso y se va.
La de los días soleados taconea al llegar, deja su bolso en la silla, me observa, ladea la cabeza y me peina. Luego coge el bolso de la silla, se sienta, juguetea con el móvil y se va.

Mi preferida viene todos los días. Huele bien. Pone sus dedos a los lados de mi boca y luego estira hasta hacerme sonreír. Ésa no es hija mía.

viernes, 14 de mayo de 2010

Petit Toulouse

Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Pobre mínimo rival –pensaba yo.
Lo observaba desde arriba y me hacía gracia lo escaso de su pelo, la longitud de su abrupta nariz.
Debieron de ser sus tupidas y expresivas cejas, que me impidieron ver cómo te sonreía.
-Esta gente contrahecha se muere pronto –te dije, queriendo dejar una pequeña piedra en el calcetín de tu conciencia-. Les cabe poca vida.
Por eso me extrañó morir tan pronto. Y más me extrañó morir de rabia. Fue el día en que os vi pasear riendo juntos, con gorjeos de pava en celo.
-Me abraza suave –dijiste-. Me abraza las rodillas.

jueves, 13 de mayo de 2010

Jura y Laurio

La mujer que había dentro de mí tenía los ojos color avellana. Casi seguro. Y tuvo un cuerpo atractivo. Tal vez no fuera espectacular, pero era bonita. Creo.
Sonreía a los hombres tranquilos y miraba atenta a los bebés, encandilada. Eso recuerdo.
La mujer que había dentro de mí, se ahogó hace ya tiempo en un cubo lleno de un líquido viscoso que olía a miedo y prejuicio.
Hace más de cuarenta años que mi esposa me mira como si entendiera. Tal vez vivía un hombre dentro de ella. Tal vez él sonreía a las mujeres tranquilas. Fue un hombre guapo. Casi seguro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Qué susto

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños, que solían quedarse en el sofá cuando su madre y yo discutíamos.
Llevaba dos días fuera, paseando, pensando en mi matrimonio; en irme, en quedarme.
Encontré al pequeño y su osito. Los cargué en brazos y los llevé a la cama.
La otra cama estaba vacía, en el suelo, arrugado, el pijama del mayor. Y una nota: “me voy”.
Lo busqué durante horas, en el jardín, en el garaje, en el parque, junto al río.
Cuando volví él estaba en su cama, despierto.
-¿A que no estaba cuando has venido? –dijo-. Qué susto, ¿eh? A mí me pasó igual contigo.

martes, 11 de mayo de 2010

Ensayos sobre la muerte II

Luego se fue corriendo. Jamás recuperé mi jersey, empapado en sus lágrimas, y jamás olvidaré cómo se agarraba la cabeza, el pecho, la cara. En ese orden.
Seguí viéndola. Hablábamos, paseábamos, se acercaba, me alejaba. Pero nunca supe pedirle perdón.
Ayer coincidimos en el hospital. Quise decirle algo, disculparme.
-Un golpe tonto –me dijo sonriendo-. Un par de radiografías y a casa.
Cuando vi al celador sacar su camilla me levanté. Y cuando vi la sábana cubriendo su rostro me senté.
En la sala de espera me agarro la cabeza, el pecho, la cara. En ese orden.

lunes, 10 de mayo de 2010

23 de Octubre - 22 de Noviembre

Hacía más de un mes que el pequeño monstruo negro la visitaba. Siempre después de las diez, el animal aparecía bajo la sábana, en el lado izquierdo de la cama.
No lo veía como una amenaza. Como un intruso, tal vez.
Acercó la mano y le permitió pellizcar sus dedos índice y medio. Le dejó bailar adelante y atrás, a izquierda y derecha. Tarareó un breve tango y observó al bicho depositar esa extraña cápsula puntiaguda junto a la almohada.
Había leído suficiente. Sabía por qué el alacrán bailaba cada noche.
-No va a poder ser –le dijo-. Tendremos que adoptar.

sábado, 24 de abril de 2010

Rescatado II. En la página 14 de 42

24.01.08
No funcionó.
Apoyé mi oído en su pecho y escuché un latido fuerte, veloz y desordenado. El mío.
Soplé, golpeé, besé sus labios.
Posé una mano en su frente y me imaginé regalándole una parte, media vida, toda entera.
Quise que una luz me abandonara y se alojara allí donde la suya se había apagado.
Me abrí. Me vacié junto a su cama y me vi resbalar sobre su piel impermeable.
Cerré sus ojos. Cerré la puerta.
Después le soñé noventa y tres veces antes de poder nombrarle.