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miércoles, 8 de mayo de 2013

Wurlington y la política en Navarra


Me ha dicho Wurlington que, por primera vez en la historia de la humanidad, la clase política acaricia la gramática. Los políticos –dice– emulan las normas de la lengua en su particular visión del altruismo. Ahora no cobran sólo por ser. Cobran también por estar y parecer. Son, como los verbos, políticos copulativos. Los que nos follan.

viernes, 25 de enero de 2013

¿Cuántas guadañas harían falta?

¿Qué quieres que diga? Que se caga en todos, que ojalá se murieran y dejaran sus puestos vacantes de vergüenza póstuma. Que a la mierda con ese enriquecimiento de conspiración pactada que ellos quieren disfrazar de un altruismo insomne y protector de masas.
¿Qué va a decir Wurlington? Que la culpa de que nadie salte la tiene la desconfianza. Que nadie quiere levantarse por miedo a que el vecino le quite la silla. Por eso permanecen sentados. Permanecemos sentados. Avasallados por la aplastante certeza de que la única solución es la guadaña. Ni siquiera un cepillo de ésos de cerdas tan rígidas. La guadaña. Rasurar y dejar que se precipite al carajo lo recién segado. Eliminar la clase política que nos roba el dinero que nos queda tras pagar a la clase política que nos roba el dinero.
Wurlington piensa en la sangre y el desenfreno, y entonces dice que no; que él no empuñaría la guadaña. Que con la guadaña se corta uno fácilmente el pie. Y entonces entra su hijo a la sala. Su hijo, que tal vez no estudiará, que tal vez se muera un día porque quién paga un médico. Y Wurlington busca la guadaña para salvarlo de estos hijos de perra con relojes tan caros y muchísimos coches, y pisos y dietas por vivir cerca del trabajo.
Y con la guadaña en la mano piensa en quién ocupará su lugar cuando salga a la calle solo y loco, segando al aire, y lo atrapen y lo silencien. Y entonces vuelve a su silla, a su sala, a su ahorro escondido y a cagarse en todos y que ojalá se mueran.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Me dijo Wurlington (y III)

“Esta noche apenas he dormido. Pensaba en unas cosas, y luego en otras. Después no recordaba qué había pensado sobre las primeras. El insomnio es, sin duda, una actividad productiva. Como la tos tuberculosa. Recientemente caí en la cuenta de que tengo una almohada tan dura y tan gruesa que en ocasiones parece que es la pierna de alguien.”

jueves, 21 de junio de 2012

Límites


Una noche de insomnio, Wurlington tomó un lápiz y se subió a la mesa. Dibujó durante horas sus pesadillas más espantosas entre las sombras del gotelé. Y luego durmió tranquilo, saboreando la idea de que lo aterrador es la ausencia de contorno.

sábado, 4 de junio de 2011

Me dijo Wurlington (y II)

Dice Wurlington que la astronomía escapa fuera de su conocimiento y de sus intereses, y que, por lo tanto, carece de fundamento. Dice que, aunque fuera posible, él sería incapaz de sentarse en el borde mismo de un agujero negro, porque la única forma de acercarse a un punto de gravedad total sin ser devorado es dejar de creer que ese punto existe. Sólo entonces podría uno sentarse al borde del abismo. Aunque luego caería en la cuenta de que uno está al borde de un agujero que no es. Tras lo cual, ante la evidencia de que no puede uno estar sentado ante algo que no existe, sería absorbido por la nada, es decir, por el agujero negro.

miércoles, 26 de enero de 2011

Me dijo Wurlington (y I)


Wurlington opina que la humanidad en sí misma es un asco, y que este hecho es independiente de la sociedad y la cultura de la que se trate. Afirma, sin sonrojo alguno, que en las conversaciones que ha mantenido con seres no humanos, tanto animales como extraterrestres, la estupidez humana era un tema recurrente.
Wurlington dice que al encontrarse con otro ejemplar, sólo los seres humanos son capaces de no tener claro quién ha de saludar primero.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Aspavientos de Wurlington

Paseando con Wurlington por unos campos cercanos reconocí no haber leído El Quijote. Él no le dio importancia, como a muchas otras cosas importantes. Quedó, sin embargo, observando los enormes molinos blancos que nos han ido creciendo como descomunales setas paradójicamente energéticas.

-¿Sabes con qué hago yo aspavientos? –me dijo-. Con las fotos en internet. Con lo que significan, con lo que quieren significar. Te diré una cosa: Hay hombres que retratan su rostro desde abajo, y mujeres que lo retratan desde arriba. El resto, sencillamente, se fotografían.

lunes, 30 de agosto de 2010

Wurlington interpreta los sueños

Paseaba yo junto a mi querido Wurlington por una playa del mar Menor. Le contaba que es en vacaciones, libre de horarios, cuando recuerdo mis sueños más fácilmente.
Wurlington movió las orejas en un gesto que le caracteriza, y que indica que está prestando la máxima atención.

Wurlington siempre ha querido ser un experto en la interpretación de los sueños. Yo no digo que no lo sea; sólo pienso que es muy poco convincente. Una vez quiso persuadir a Lady Traumworth de que aquellas pesadillas en las que despertaba bañada en sudor y gritando ¡Tally-ho!; eran consecuencia de su afición al bacarrá, y hacían obvia alusión al calor que hace en los casinos. Fue entonces cuando descubrimos que Wurlington era el único que desconocía la sórdida relación entre Lady Traumworth y el mozo que cuidaba de los perros de Lord Traumworth. También fue entonces cuando Lord Traumworth decidió doblar el número de perros en su jauría. Al mismo tiempo contrató a un nuevo mozo, más apuesto y más alto que el primero. Luego compró pistolas para ambos.
Por ésta y por otras historias semejantes ya nadie hace caso de las interpretaciones de Wurlington acerca de los sueños, si bien las escuchamos con sumo deleite, siempre dispuestos a sonreír y a avisarle de algún romance que le haya pasado desapercibido.
Bien. Yo acababa de contarle a Wurlington que había soñado con mi mujer. Él apenas me dio tiempo a entrar en detalles y ya estaba disertando acerca de la conveniencia de soñar con una u otra mujer, para acabar rematando el discurso con un rotundo:
–Soñar con la mujer de uno mismo significa, sin duda, una restricción evidente del sueño, al que se limita, se recorta, se lo aleja del reflejo del subconsciente. Querido, los sueños son para rozar con la punta de los dedos todo aquello que de verdad deseamos... Y, ¡oh!... ¡Oh, cielos, rufián afortunado! ¿De verdad soñó usted con su mujer?

martes, 20 de julio de 2010

Tuba Skinny

Vitoria lucía el cielo característico de cualquier otro sitio. Ni azul ni gris. Sus gentes paseaban por el centro con la mirada de quien podría estar en cualquier otra ciudad. Eso es lo bueno de Vitoria en Julio. Sabes que estás allí porque oyes el Jazz.
Discutía con mi querido Wurlington acerca de la conveniencia del Twist en la corteza de limón que añadimos siempre al Gin-Tonic. Él prefiere no retorcerla, mientras que yo –si previamente se ha limpiado el limón– agradezco ese sabor en el borde del vaso.
Wurlington sonreía con cierta condescendencia, pues su opinión, en su opinión, es siempre la obvia y la objetiva. Odioso, pero elegante, sin duda.
La condescendencia, así como la precipitación a la hora de abalanzarse sobre su pinta de Guinness, son detalles que hacen de Wurlington un ser al que se ama y se odia según la hora y el día de la semana.
Recuerdo con exactitud que levantaba en aquel momento mi mano derecha para cortar, tajante, su absurda disertación; cuando pasamos junto a un grupo de gente que escuchaba tocar a un sexteto de New Orleans. La vocalista alzó el mentón con la seguridad de quien se sabe portador de una nuez digna de encomio, y comenzó a cantar.
No tuve tiempo de sujetar a Wurlington.
Más tarde, avergonzado, observaba cómo la cantante –Erika, se llamaba– recomponía su vestido y secaba de babas su cara.
-¿Chupa siempre a todo el mundo? –preguntó Erika.
-Por supuesto que no –dije acariciando a Wurlington–. Sólo si le apasiona y está de buen humor.