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jueves, 10 de febrero de 2011


La conquista


Me han contado que hay en Tucaplatzán
un enorme muro de roca labrada en el que se relata la historia de tres naves que salieron de un recóndito lugar. Y de cómo aconteció que toparon con los guerreros Tucaplatzacos, que por entonces volaban. Y de cómo estos guerreros llevaron las naves por el aire hasta el valle de Sodomitzán, donde retuvieron gozosamente a los aguerridos marinos, a quienes además aleccionaron para que, a la vuelta, contaran alguna necedad más o menos verosímil.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Halley


Fue en 1910. Jugaban en un bosque. Agarrando la botella del cuello, la joven entrecerraba los ojos y fingía no mirar a la piñata.

Levantó el brazo, giró la muñeca y se detuvo en seco, maravillada ante el espectáculo de la estrella que surcaba, encendida, los restos de vino en la botella.

Habían pasado casi ochenta años cuando mi abuela y yo observamos el cometa Halley desde su balcón.

-Ya lo vi antes –me dijo-. Lo tuve un rato en una botella.

lunes, 4 de octubre de 2010

Farolas

Observé atentamente a los dos hombres. Uno, alto, de aspecto endeble, tenía cierto aire prepotente; el otro era bajo, compacto y rudo. Elegí al segundo. Transmitía calidez, confianza, como una manta en un sofá.

Le pregunté, y dijo que sí; pero su enorme mano no dejó de apretar mi muñeca.

Le di las gracias por permitirme ofrecer una explicación.

Luego le conté todo.

Mi hijo disfruta escuchando pequeñas historias. Son historias porque no son cuentos. Los cuentos se guardan en la estantería, y las historias en la cabeza.

Le hablaba a mi hijo sobre la nueva casa. Le prometí que en el techo de su habitación pegaríamos unas estrellas que brillen de noche, como las de verdad.
—¿Sabes cómo brillan las estrellas de verdad? —le dije a mi hijo.
—No —contestó—. De noche sólo veo las farolas.

De noche sólo veo las farolas.

El hombre me soltó, se quitó la gorra, jugueteó con su placa de policía y escrutó el cielo negro.
—Y cortó usted la luz —dijo.
—Sí —contesté.
—De toda la ciudad —insistió.
—Sí —dije.
—¿Y le han gustado? —preguntó—. Las estrellas.
—Mucho —respondí.
—Salga usted de aquí —dijo—. Y abrigue al crío.

viernes, 20 de agosto de 2010

Scusi


Mamá era abogada, de ésas que consiguen que los malos no salgan bajo fianza. Decían que incluso el estrado temblaba cuando mamá interrogaba.
Yo sólo recuerdo que cantaba canciones de Sarah Vaughan mientras untaba la mermelada en mis tostadas. Cantaba como los ángeles, o, mejor, como Sarah. Y exprimía las naranjas, y dejaba el zumo sobre la mesa al tiempo que me revolvía el pelo y tarareaba “despierta marmota”.
Hace ya veinte años que mamá no está.
Y hace ya veinte años que recibo por correo, cada seis de Enero, un disco de vinilo de Sarah Vaughan. Alguno se ha repetido. Lo que no cambia nunca es la nota que lo acompaña:

“Mis excusas, bambino. Jamás maté a otra mujer con la voz tan bella.
Palermo, a 31 de Diciembre...
”

miércoles, 18 de agosto de 2010

Platonicol Complex

Creen que es alergia, pero es amor. Mamá está preocupada. Ya no sabe si son las camisas, la lactosa o el centeno. El director y los otros me miran como si me fuera a morir en cualquier momento, y ninguno quiere estar delante cuando ocurra.
A mi me da igual, porque, a eso de las once, jadeo un poco y toso con un ruido como de arrastrar sillas. Abren la ventana de clase para que respire. Saco la cabeza y te veo venir por la calle Bergamín, con tu falda de cuadros y los calcetines caídos.

¡Qué buen jarabe, tu sonrisa!
Fresca, brillante, antihistamínica.

lunes, 16 de agosto de 2010

Cool Hand Luke

Cool Hand Luke
Damián era un respetable hombre de letras. Dueño de su propio bufete, siempre actuó de forma cabal, demostrando, en conjunto, buen juicio y saber hacer.
Sus amigos, sin embargo, sabíamos que tenía en la cabeza un pequeño interruptor con forma de Óscar, una palanca escondida que sonaba con un ruido como de claqueta. Algo capaz de hacer que se quedara mirando al cielo y dijera: “Me encanta el olor del Napalm por la mañana”, o “Yo tenía una granja en África”.
El día que lo encerraron, todos pudimos imaginar la mirada indomable en sus pardos ojos de Paul Newman mediterráneo. Defendía a su propio hijo por pisarle la cabeza a un hombre con bigote, cuando, sobre un andamio, una joven comenzó a limpiar con su esponja la ventanilla abatible de la cristalera de la sala número tres.
Damián sonrió, miró al juez y gritó: “Puedo comer cincuenta huevos”.

viernes, 13 de agosto de 2010

No funcionó

Contemplábamos confusos el metal bajo la enorme masa gris.
Empujamos en vano con palancas, con los hombros. Alguien trajo desde Chimbacuaya la única grúa que había en la zona. Enganchamos las cadenas, anudamos las cinchas y cruzamos los dedos. Imposible.
No tuvo el alcalde tiempo ni ganas de volver a llamarles para que no vinieran, así que salimos todos por televisión, cabizbajos, humillados.
En un pueblo pequeño pueden darse dos casualidades a lo largo de un siglo. En el nuestro se dieron las dos casi a la vez.
Primero aterrizó el platillo.
Luego cayó el elefante.

lunes, 24 de mayo de 2010

Soft and only

La de los días de lluvia suele acercarse en silencio, se inclina, me mira con resignación y acaricia mi mano. Se sienta en la silla y lee durante un par de horas. Me da un beso y se va.
La de los días soleados taconea al llegar, deja su bolso en la silla, me observa, ladea la cabeza y me peina. Luego coge el bolso de la silla, se sienta, juguetea con el móvil y se va.

Mi preferida viene todos los días. Huele bien. Pone sus dedos a los lados de mi boca y luego estira hasta hacerme sonreír. Ésa no es hija mía.

viernes, 14 de mayo de 2010

Petit Toulouse

Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Pobre mínimo rival –pensaba yo.
Lo observaba desde arriba y me hacía gracia lo escaso de su pelo, la longitud de su abrupta nariz.
Debieron de ser sus tupidas y expresivas cejas, que me impidieron ver cómo te sonreía.
-Esta gente contrahecha se muere pronto –te dije, queriendo dejar una pequeña piedra en el calcetín de tu conciencia-. Les cabe poca vida.
Por eso me extrañó morir tan pronto. Y más me extrañó morir de rabia. Fue el día en que os vi pasear riendo juntos, con gorjeos de pava en celo.
-Me abraza suave –dijiste-. Me abraza las rodillas.

jueves, 13 de mayo de 2010

Jura y Laurio

La mujer que había dentro de mí tenía los ojos color avellana. Casi seguro. Y tuvo un cuerpo atractivo. Tal vez no fuera espectacular, pero era bonita. Creo.
Sonreía a los hombres tranquilos y miraba atenta a los bebés, encandilada. Eso recuerdo.
La mujer que había dentro de mí, se ahogó hace ya tiempo en un cubo lleno de un líquido viscoso que olía a miedo y prejuicio.
Hace más de cuarenta años que mi esposa me mira como si entendiera. Tal vez vivía un hombre dentro de ella. Tal vez él sonreía a las mujeres tranquilas. Fue un hombre guapo. Casi seguro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Qué susto

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños, que solían quedarse en el sofá cuando su madre y yo discutíamos.
Llevaba dos días fuera, paseando, pensando en mi matrimonio; en irme, en quedarme.
Encontré al pequeño y su osito. Los cargué en brazos y los llevé a la cama.
La otra cama estaba vacía, en el suelo, arrugado, el pijama del mayor. Y una nota: “me voy”.
Lo busqué durante horas, en el jardín, en el garaje, en el parque, junto al río.
Cuando volví él estaba en su cama, despierto.
-¿A que no estaba cuando has venido? –dijo-. Qué susto, ¿eh? A mí me pasó igual contigo.

martes, 11 de mayo de 2010

Ensayos sobre la muerte II

Luego se fue corriendo. Jamás recuperé mi jersey, empapado en sus lágrimas, y jamás olvidaré cómo se agarraba la cabeza, el pecho, la cara. En ese orden.
Seguí viéndola. Hablábamos, paseábamos, se acercaba, me alejaba. Pero nunca supe pedirle perdón.
Ayer coincidimos en el hospital. Quise decirle algo, disculparme.
-Un golpe tonto –me dijo sonriendo-. Un par de radiografías y a casa.
Cuando vi al celador sacar su camilla me levanté. Y cuando vi la sábana cubriendo su rostro me senté.
En la sala de espera me agarro la cabeza, el pecho, la cara. En ese orden.

lunes, 10 de mayo de 2010

23 de Octubre - 22 de Noviembre

Hacía más de un mes que el pequeño monstruo negro la visitaba. Siempre después de las diez, el animal aparecía bajo la sábana, en el lado izquierdo de la cama.
No lo veía como una amenaza. Como un intruso, tal vez.
Acercó la mano y le permitió pellizcar sus dedos índice y medio. Le dejó bailar adelante y atrás, a izquierda y derecha. Tarareó un breve tango y observó al bicho depositar esa extraña cápsula puntiaguda junto a la almohada.
Había leído suficiente. Sabía por qué el alacrán bailaba cada noche.
-No va a poder ser –le dijo-. Tendremos que adoptar.

martes, 27 de abril de 2010

Rescatado V. De La ventana de Millás.

Ayer me encontré con una conocida. Me dijo que ya lo habían llevado a casa, que el pobre no se enteraba de nada, que tenían que limpiarlo a cada rato y moverlo con una grúa.
Le contesté que debía ser valiente, que tenía que aguantar sólo por él; que la vida es un asco y que me avisara si necesitaba algo.
Me pareció que iba a llorar, que quería abrazarme.
Le dije adiós y me di la vuelta sin saber de quién habíamos estado hablando.
08.05.08

lunes, 26 de abril de 2010

Rescatado IV. Del concurso de Página2. Relatos con canción.

25.09.08
Sal esta noche
Rosalita era terriblemente fea. Se paraban a mirarla en la calle.
Tenía, sin embargo, una voz que todos los hombres habrían querido usar de despertador.

escuchar: Rosalita

25.09.08
Ornitológica
Atraparon a un hombre encaramado al campanario. Rociaba los nidos de cigüeña con aguarrás. Era el tonto Simón, que no quería tener hijos.

escuchar: El tonto Simón

Rescatado III. De La ventana de Millás.

Ayer, al cerrar el bar y coger mi coche, vi un Renault aparcado enfrente.
Conduje alrededor de la rotonda y me aproximé.
Dentro había una chica con la cabeza inclinada a un lado. No se movía. Era la portera de una empresa que hay cerca.
Toqué la bocina y ella se despertó.
O resucitó, no lo sé.
Espero que despertara. De lo contrario, mi bocina y yo tenemos una enorme responsabilidad a partir de ahora.
17/04/08

sábado, 24 de abril de 2010

Rescatado II. En la página 14 de 42

24.01.08
No funcionó.
Apoyé mi oído en su pecho y escuché un latido fuerte, veloz y desordenado. El mío.
Soplé, golpeé, besé sus labios.
Posé una mano en su frente y me imaginé regalándole una parte, media vida, toda entera.
Quise que una luz me abandonara y se alojara allí donde la suya se había apagado.
Me abrí. Me vacié junto a su cama y me vi resbalar sobre su piel impermeable.
Cerré sus ojos. Cerré la puerta.
Después le soñé noventa y tres veces antes de poder nombrarle.

viernes, 23 de abril de 2010

Rescatado. En la página 3 de 41

25.09.07
No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor.
Sobre él guardo las urnas, alineadas por edades.
Éramos muchos de familia, pero no demasiados.
Y les hablo. Abro las tapas y les cuento cosas, uno a uno. Le cuento a cada uno lo que le puede interesar, en voz baja, para no molestar al siguiente.
Por eso suele haber ceniza en el mueble.
Porque les susurro.
O, tal vez, me contestan.