domingo, 25 de diciembre de 2011

Propitaphium



Si quisiera decir
de lo que fui,
es que ya no soy.

Y, no siendo,
¿qué diré?;
y ¿a quién?,
¿por qué?

Y, si no soy,
que digan otros.
¿Qué dirán?
¿De quién?,
si ya no soy...
ah, bien.

Y, si aun así,
hubiera algo que decir,
algo que fuera obvio,
indudable, destacable,
realmente notable,
es que siempre tuve las manos
bastante Pedrorena.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Urgencia


Se me cruza un coche. La madre conduce histérica. En el asiento de atrás, la abuela, con el niño en brazos, me mira triste y tranquila. Sólo ella y yo sabemos que ya es tarde.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Escribe tu propio epitafio


Haz la tarea antes de morirte.
El 25 de Diciembre
escribe tu propio epitafio
y publícalo en tu blog.

Esta iniciativa nace
como homenaje a Nicanor Parra,
Premio Cervantes 2011.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tren V


Y nada más existió hasta el próximo tren, que llegó puntual, como siempre, mañana, a primera hora, cuando el sol volará somnoliento iluminando este desierto cabrón con su párpado invertido. Y luego vuelve ella con su bandeja tintineante. Un vaso con zumo y un café con leche que nunca se cayó una vez y siempre estará en equilibrio. Salvo el día en que caerá.
Ese día fue diferente. Me susurró al oído, yo salté de alegría y la acaricié; cayó el vaso y reímos.
Luego todo fue mal y será mal en la estación donde los trenes pasaron da igual cuándo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Alterbombo: Alberto Corujo y el gato de Cheshire

Cada vez me gusta más la radio. Estaba yo ayer escuchando mi emisora favorita en catalán cuando me sorprendió la grata noticia de la victoria semanal de nuestro querido Alberto Corujo en el concurso de microrrelatos de Wonderland, en ràdio4.
Albert, Alb, Odys2.0, continúa así con la reciente cadena de microrrelatistas cercanos (Agustín Martínez Valderrama, Rosana Alonso, Rocío Romero...) que consiguen ir a la final del concurso.

Cierren los ojos y escuchen al inefable, al sublime Percebe Occidental, Cirrípedo Astur, Pollicipes xixonensis, al indudablemente sináptico Alberto Corujo.

Audio, a partir del min. 26

TROFEO
Años después de haberle perdido el rastro en aquella trágica expedición al Amazonas, de la que también formé parte, encontré a mi viejo colega Jon Satrústegui cuando paseaba por un mercadillo a las afueras de Quito. Habían pasado tantas cosas desde la última pelea, y el tiempo nos había cambiado tanto, que al instante comprendí que no iba a echarme nada en cara. Tomé la suya entre las manos, mientras la emoción se desbordaba en un raudal de lágrimas. Estaba muy estropeada, y reducida en exceso. Tanto, que tras arduo regateo pude adquirirla como colgante por un módico precio.


Alberto Corujo Corteguera



Comentarios al microrrelato (traducción por cortesía de Agus)
Una pieza absolutamente excepcional. Un microrrelato impactante que en su avance y progreso va abriendo expectativas y generando intriga de principio a fin. Es un texto que sugiere y es a partir de aquí donde la narración crece, se consolida y alcanza todo su fin. La historia tiene una esencia muy cinematográfica y nos transporta a escenarios cosmopolitas que todos podemos reconocer ya que forman parte de nuestro imaginario real y ficticio. El mérito de Trofeo reside en la gestión narrativa del recuerdo, en la mecánica de una historia llena de ínfimos detalles que constituyen un perfecto engranaje y cuya historia se nos desvela en las dosis justas y necesarias.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sueño de Wiesenthal

Como tantas veces había hecho de niño, pasé el dedo índice por aquella fila de dedos de pies que apuntaban al cielo, como quien golpea con un palito los barrotes de hierro en las verjas de un barrio residencial.
Pero esta vez no eran dedos huesudos de compañeros. Ah, no. Esta vez eran todo lo contrario.


Progreso

Como tantas veces había hecho de niño, trepé al árbol y observé el valle. No parecía que nada hubiera cambiado. El puente, el frontón y la casa de Matías el Chiquitico seguían allí. Subí un poco más arriba y salté adelante, para planear sobre el pueblo y ver más detalles. En casa de Matías la huerta lucía estupenda.
Regresé al árbol y me posé con cuidado. Descendí al suelo y retrocedí hasta los doce años.
Más tarde pasé por casa de Matías y le dije que no se preocupara; la carretera no iba a pasar por su huerta.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un paseo en La Nave


Hoy he tenido el honor de asomar la cabeza en La Nave de los Locos.
Fernando Valls publica allí un par de mis micros inéditos.
Y habrá algún otro.
Estoy muy contento.

Y aquí, otra vez muy contento.

lunes, 31 de octubre de 2011

Tren IV

En el andén suceden cosas. A veces el tren tarda en partir, como si quisiera quedarse un rato más. Los conductores miran por la ventana buscando qué los retiene; sin saber que son, inconscientes, las personas que esperan, porque al tren le interesan.
Otras veces, como el día en que te fuiste, el tren, al salir, revienta la inercia de los que lloramos de pie, y nos tambalea, nos mece, nos manda a la mierda elástica del vaivén de este puto dolor.



Tren IV (II)

En el andén
suceden cosas.

A veces el tren
tarda en partir,
quiere quedarse
un rato más.

El conductor busca
qué lo retiene;
sin saber que son,
inconscientes,
las personas que esperan,
que al tren le interesan.

Otras veces,
como el día en que te fuiste,
el tren que parte
revienta la inercia
de los que lloramos
de pie,
y nos tambalea,
nos mece,
nos manda a la mierda
elástica
del vaivén
de este puto dolor.

viernes, 21 de octubre de 2011

Tren III


A través de la ventanilla observo a una chica en el andén. Se despide sin lágrimas. Agita la mano por no tirarse del pelo, y sonríe con una boca de mentira piadosa, mostrando los dientes, que son como fracturas abiertas de los huesos de una ilusión.

martes, 11 de octubre de 2011

Tren II


Hoy he visto desde el tren, a lo lejos, un trozo de paisaje sin terminar. Faltaba el pasto, un maizal, arbolitos, qué sé yo. Una mano gigante se apresuraba a completarlo. Clavaba álamos en fila, extendía un trigal como la alfombra de un hotel, arrugaba una colina con la yema del pulgar.
¿Y cómo era la mano?
Ya les dije. Descomunal, negra, de garras largas en cada uno de los seis dedos. Como las nuestras, si las miran bien.