miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un paseo en La Nave


Hoy he tenido el honor de asomar la cabeza en La Nave de los Locos.
Fernando Valls publica allí un par de mis micros inéditos.
Y habrá algún otro.
Estoy muy contento.

Y aquí, otra vez muy contento.

lunes, 31 de octubre de 2011

Tren IV

En el andén suceden cosas. A veces el tren tarda en partir, como si quisiera quedarse un rato más. Los conductores miran por la ventana buscando qué los retiene; sin saber que son, inconscientes, las personas que esperan, porque al tren le interesan.
Otras veces, como el día en que te fuiste, el tren, al salir, revienta la inercia de los que lloramos de pie, y nos tambalea, nos mece, nos manda a la mierda elástica del vaivén de este puto dolor.



Tren IV (II)

En el andén
suceden cosas.

A veces el tren
tarda en partir,
quiere quedarse
un rato más.

El conductor busca
qué lo retiene;
sin saber que son,
inconscientes,
las personas que esperan,
que al tren le interesan.

Otras veces,
como el día en que te fuiste,
el tren que parte
revienta la inercia
de los que lloramos
de pie,
y nos tambalea,
nos mece,
nos manda a la mierda
elástica
del vaivén
de este puto dolor.

viernes, 21 de octubre de 2011

Tren III


A través de la ventanilla observo a una chica en el andén. Se despide sin lágrimas. Agita la mano por no tirarse del pelo, y sonríe con una boca de mentira piadosa, mostrando los dientes, que son como fracturas abiertas de los huesos de una ilusión.

martes, 11 de octubre de 2011

Tren II


Hoy he visto desde el tren, a lo lejos, un trozo de paisaje sin terminar. Faltaba el pasto, un maizal, arbolitos, qué sé yo. Una mano gigante se apresuraba a completarlo. Clavaba álamos en fila, extendía un trigal como la alfombra de un hotel, arrugaba una colina con la yema del pulgar.
¿Y cómo era la mano?
Ya les dije. Descomunal, negra, de garras largas en cada uno de los seis dedos. Como las nuestras, si las miran bien.

martes, 4 de octubre de 2011

Tren I

Observo desde el tren el cauce seco de un río que han convertido en autopista. Los autobuses lo remontan contracorriente hacia los lugares donde desovan; y vuelven, al fin, vacíos, a morir al barranco de los Sargazos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Receta

Tome unas zapatillas deportivas del número 32.
Introduzca algo de arena en su interior.
Inclínese ante el retrete y vacíe allí la arena de las zapatillas.
Escuche.
Es un ruido de bambú hueco entrechocando, de Campanilla volando en Guatemala, de balbuceo de flauta, de pompas en los labios.
Así suenan los recuerdos de un hijo muerto.






Me apetece re-publicar este micro, que mi amigo Alberto me permitió mostrar en su blog hace un tiempo. A Iván le gustó (y eso es muy bueno), así que ahí queda.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cuentos murcianos VII, Cotylorhiza vindicata


Se han roto las redes. El mar está plagado. Flotan mecidas en un bosque de piernas jubiladas, lamen los tobillos de los niños.
En una desordenada labor comunitaria, viejos y chiquillos las retiran hasta los bidones de la orilla, donde agoniza esa masa inerme de baba viva.
Las medusas, sin embargo, no saben trabajar en manada. Sólo las más grandes arrastran de cuando en cuando algún niño pequeño al fondo y lo muestran como trofeo.

martes, 26 de julio de 2011

Requiem pro Amy Winehouse

La hija del taxista cantaba
con una voz que le dieron
y una fuerza que le puso.
Con el timbre del que sabe
que tropezar no es más
que parte de andar.

Por fumar le dio la tos,
por la farlopa, un yuyu;
por la keta, un mal rollo
y por el costo, esa manía
chunga de mirar al techo.

La hija del taxista tenía
choja para el buen vino
y costumbre para el peor;
y tenía los ojos capaces
de ver lo cierto de la vida,
y toda su mierda.

La hija del taxista
me hizo llorar
con su versión de Moody’s mood
igual que Nina con How it feels.

y,
al contrario que tú y que yo,
sabía, más o menos,
lo que iba a durar;
y eso la mataba,
o al revés.

miércoles, 20 de julio de 2011

Algún día verás

El mosquito sube a trompicones por el espejo del baño.
Resbala y sigue.
Su reflejo de mosquito lo acompaña boca arriba.
Resbala y sigue.
Pronto, mosquito y reflejo alcanzan lo más alto. El mosquito se acerca a la bombilla y se quema. El reflejo no. Y queda allí atrapado, viudo de sombra, huérfano de la reflexión.

lunes, 4 de julio de 2011

Segadores

Han llegado los segadores. Ahí viene uno. Repasa con su máquina el césped alrededor de las farolas, pero yo sé que disimula.
Ahí viene otro. Lleva el mismo aparato con un pequeño motor a la espalda. Recorta las malas hierbas que crecen junto al bordillo.
Se acerca otro más. Éste sí trae los brazos llenos de sangre.