martes, 4 de octubre de 2011

Tren I

Observo desde el tren el cauce seco de un río que han convertido en autopista. Los autobuses lo remontan contracorriente hacia los lugares donde desovan; y vuelven, al fin, vacíos, a morir al barranco de los Sargazos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Receta

Tome unas zapatillas deportivas del número 32.
Introduzca algo de arena en su interior.
Inclínese ante el retrete y vacíe allí la arena de las zapatillas.
Escuche.
Es un ruido de bambú hueco entrechocando, de Campanilla volando en Guatemala, de balbuceo de flauta, de pompas en los labios.
Así suenan los recuerdos de un hijo muerto.






Me apetece re-publicar este micro, que mi amigo Alberto me permitió mostrar en su blog hace un tiempo. A Iván le gustó (y eso es muy bueno), así que ahí queda.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cuentos murcianos VII, Cotylorhiza vindicata


Se han roto las redes. El mar está plagado. Flotan mecidas en un bosque de piernas jubiladas, lamen los tobillos de los niños.
En una desordenada labor comunitaria, viejos y chiquillos las retiran hasta los bidones de la orilla, donde agoniza esa masa inerme de baba viva.
Las medusas, sin embargo, no saben trabajar en manada. Sólo las más grandes arrastran de cuando en cuando algún niño pequeño al fondo y lo muestran como trofeo.

martes, 26 de julio de 2011

Requiem pro Amy Winehouse

La hija del taxista cantaba
con una voz que le dieron
y una fuerza que le puso.
Con el timbre del que sabe
que tropezar no es más
que parte de andar.

Por fumar le dio la tos,
por la farlopa, un yuyu;
por la keta, un mal rollo
y por el costo, esa manía
chunga de mirar al techo.

La hija del taxista tenía
choja para el buen vino
y costumbre para el peor;
y tenía los ojos capaces
de ver lo cierto de la vida,
y toda su mierda.

La hija del taxista
me hizo llorar
con su versión de Moody’s mood
igual que Nina con How it feels.

y,
al contrario que tú y que yo,
sabía, más o menos,
lo que iba a durar;
y eso la mataba,
o al revés.

miércoles, 20 de julio de 2011

Algún día verás

El mosquito sube a trompicones por el espejo del baño.
Resbala y sigue.
Su reflejo de mosquito lo acompaña boca arriba.
Resbala y sigue.
Pronto, mosquito y reflejo alcanzan lo más alto. El mosquito se acerca a la bombilla y se quema. El reflejo no. Y queda allí atrapado, viudo de sombra, huérfano de la reflexión.

lunes, 4 de julio de 2011

Segadores

Han llegado los segadores. Ahí viene uno. Repasa con su máquina el césped alrededor de las farolas, pero yo sé que disimula.
Ahí viene otro. Lleva el mismo aparato con un pequeño motor a la espalda. Recorta las malas hierbas que crecen junto al bordillo.
Se acerca otro más. Éste sí trae los brazos llenos de sangre.

lunes, 27 de junio de 2011

Piedra por camisa (hermanamiento tantócrono)

Wínnappu está a tiro de piedra si la piedra la tira un niño.

Saliendo de Chimbacuaya por la campa grande, al final del camino que lleva al río, hay un árbol enorme, aunque nadie sabe si es olmo, arce o platanero del Kurdistán. No pertenece a Chimbacuaya, pues aquí sólo la gente es particular; las cosas y el entorno, al ser normales, nos mantienen amarrados al mundo.
Bien. Wínnappu está a tiro de piedra a través del árbol.
Tome un niño pequeño, dele una piedra y sitúelo frente al árbol. Si el niño tira la piedra con un mínimo de puntería, la verá desaparecer a través del olmo. Luego, tras una breve espera observando el arce, verá usted cómo, desde las tripas astillosas del platanero surge una bola informe de tela. Es una camisa de cuadros, arrugada y envuelta en una camiseta blanca.
El árbol es de Wínnappu. Sólo allí suceden cosas tan extrañas. Sólo allí cuelgan carteles de los árboles. Carteles que dicen “árbol de Wínnappu.
Si la piedra la tira un adulto hay que agacharse, porque ésta vuelve por detrás y le golpea en la espalda o en la cabeza; señal de que hay otro árbol de Wínnappu en Chimbacuaya.
No hemos probado a guardar la piedra y tirar el niño.

lunes, 20 de junio de 2011

Requiem pro Clarence Clemons


Si yo hubiera sido tan negro
y tan brillante,
si hubiera sido enorme
y tan grande,
si hubiera sido,
en fin,
esa buena
parte del saxo;
habría sido,
tal vez,
similar a las 260 libras
mejor utilizadas
de la historia del rock.


viernes, 10 de junio de 2011

Objetivos 2011

¿Y cuándo será el incendio? Debo planificarlo.
Sé dónde: En el supermercado junto al colegio. Necesito niños indefensos y madres histéricas; víctimas baratas.
De noche. Quiero fotos nocturnas, flashes. En invierno anochece pronto. Hacia las cinco el colegio estará abarrotado. ¡Diciembre, claro! Buenas fechas, entrañables, tiernas. Dejaré la chaqueta en el coche y saltaré a través de alguna ventana. Luego debo aparecer, despacio, con una niña en brazos; dejar que me fotografíen. Un héroe. Me ascenderán. Ya no tendré que ir en el asiento de atrás. Seré el nuevo conductor del Coche Tres. Y ¡úa, úa, úa!; ¡fuego, bomberos! Tocaré la sirena cuando quiera.

sábado, 4 de junio de 2011

Me dijo Wurlington (y II)

Dice Wurlington que la astronomía escapa fuera de su conocimiento y de sus intereses, y que, por lo tanto, carece de fundamento. Dice que, aunque fuera posible, él sería incapaz de sentarse en el borde mismo de un agujero negro, porque la única forma de acercarse a un punto de gravedad total sin ser devorado es dejar de creer que ese punto existe. Sólo entonces podría uno sentarse al borde del abismo. Aunque luego caería en la cuenta de que uno está al borde de un agujero que no es. Tras lo cual, ante la evidencia de que no puede uno estar sentado ante algo que no existe, sería absorbido por la nada, es decir, por el agujero negro.