martes, 24 de abril de 2012

Allí

En un pueblo que se llamaba Visavis había dos casas enfrentadas. Dos puertas, doce ventanas, cientos de agujeros en las fachadas. Y una fuente en la calle. Mugía una vaca con hambre detrás de cada casa. También había dos teléfonos sonando para ver qué tal está el abuelo.

miércoles, 18 de abril de 2012

Ritual

Abro mi baulito de herramientas, tomo el destornillador del abuelo Walter, con sus cachas de madera, con sus manchitas de sangre. Recuerdo a la abuela Doris, tan linda, tan bruja, tan llena de agujeros después. Lo empuño con fuerza y me acerco a la caja. Hay muescas en el borde, bajo la tapa, allí donde cada año apoyo el destornillador para hacer palanca y abrir la caja y mirar dentro y decir hola Doris y cerrar la tapa.
Este año Doris no está.
Me agacho tras dejar escapar un grito en blanco y tomo de nuevo el destornillador. Me acerco a la caja del abuelo Walter. Hay muescas en el borde, allí donde antes no había ninguna.

viernes, 13 de abril de 2012

Los Otros Mundos

Dejó sobre la mesa su cerveza sin terminar y salió del bar. Al final de la calle el cielo extendía ese color violáceo que se difumina con precisión hasta el negro tranquilo. No se parecía en nada al violento horizonte anaranjado que hay después de los funerales.
Contuvo la respiración y jugó con el libro que tenía en la mano. Dijo –b i e n- y comenzó a soplar lentamente. De su boca brotaron domingos de madrugada, correcciones, noches largas y pantallas de ordenador; páginas desordenadas y un corrector de Word, listas de editoriales y esperas inconclusas, sobres pesados, espirales de alambre y resguardos de envíos certificados; tres disgustos, noventa grapas, un disco duro y la tarifa plana.
Después de cuatro minutos exhalando incómodos lastres, todavía gotearon de sus labios un calcetín roto y unos trozos de uña.
Luego, despacio, cerró la boca y volvió a mirar bien lejos. Las aletas de su nariz se abrieron e inspiró. En una cascada helicoidal absurda de objetos brillantes se ordenaron enhorabuenas, palmadas en la espalda, llamadas, mensajes, reseñas, iesebeenes y un editor; fractales, vías lácteas, tres millones de risas, un centauro, una elipsis, otros mundos y una satisfacción así de grande. Y al final de toda esa descomunal esnifada alegre, vinieron, a su aire, varios miles de ojos lectores y sonrisas encantadas.

martes, 3 de abril de 2012

Evarcha falcata 2.0 Tdi







La araña tiene esos ojos, ocho, bixenon, adaptativos; asistente de aparcamiento para la jungla y almohadillas en los tarsos de su tracción total. Navegador no lleva, porque siempre anda cerca, saltando, precisa, en un ir y venir meditado.
Llama la atención el palpo, engrosado, erguido, gemelo inverso de su destino, que acciona el émbolo con el gesto del espía que coloca un micrófono bajo la mesa.
Y la seda, cribelo, calamistro de algunas, monstruos perfectos de la ingeniería animal, incomprensibles para la estupidez humana.